Tres periodistas libaneses murieron en un ataque en Jezzine, en un hecho calificado como crimen de guerra por el presidente del país. El incidente reaviva tensiones políticas y el debate sobre el rol de Hezbollah en la región.
Tres periodistas libaneses, Fatima Ftouni, Ali Choeib y Mohammad Ftouni, fallecieron este domingo en un ataque en la localidad de Jezzine, al sur del Líbano. Según los reportes, el vehículo en el que se desplazaban, claramente identificado como prensa, fue alcanzado por dos misiles. El presidente libanés, Joseph Aoun, calificó el hecho como un «crimen de guerra».
Los profesionales trabajaban para cadenas de televisión vinculadas a Hezbollah, organización considerada terrorista por la Unión Europea y Argentina, pero que en el Líbano es un partido político con representación parlamentaria y una amplia milicia. Una multitud de colegas, tanto locales como internacionales, se congregó en la plaza de los Mártires de Beirut para despedirlos y exigir el fin de la impunidad contra la prensa.
El incidente ocurre en un contexto de creciente tensión en la frontera sur del Líbano y pone de relieve el complejo rol de Hezbollah. Para algunos analistas, la escalada de violencia podría fortalecer el apoyo popular a la milicia, vista por ciertos sectores como una fuerza de resistencia. El gobierno libanés, por su parte, ha reiterado su compromiso con la estabilidad y descartó que exista deseo interno de una nueva guerra civil.
En paralelo, se ha generado una disputa diplomática tras la orden de expulsar al embajador iraní en el Líbano, Mohammad Reza Sheibani, declarado «persona non grata». Fuentes anónimas indican que el diplomático no abandonará el país, en línea con los deseos del presidente del Parlamento, Nabih Berri, y de Hezbollah, cuyos ministros boicotearon una sesión del gabinete en protesta por la medida.
