Cómo sigue el mundo en medio del terremoto Trump

El presidente Trump ha decidido cambiar las reglas de juego de las relaciones internacionales y del comercio mundial. Detrás de la jugada de la suba de aranceles urbi et orbi, subyace el concepto de una creciente tensión geopolítica.

La rivalidad entre Estados Unidos y China se ha hecho tangible en distintos campos, generando una firme desconfianza entre ambas potencias. Esto queda en evidencia al evaluar los últimos años de la participación del país asiático en las compras de Estados Unidos, que ya ha perdido ocho puntos porcentuales desde el 2018, para ubicarse en el 13% del total de sus importaciones.

El intelectual que mejor ha graficado este momento es un viejo profesor mío, Graham Allison, quien en su libro Destined for war (Destinado a la guerra), describe la tensión que surge cuando una potencia emergente desafía a una potencia establecida, y que a lo largo de la historia ha terminado en conflictos bélicos. Comienza el libro tomando la llamada “Trampa de Tucídides”, historiador griego que narró la inevitable guerra entre Atenas y Esparta, debido al ascenso de la primera y el temor que generó en esta última. Allison toma, desde ese momento, el auge y la caída de los imperios y, en casi todos los casos, se verifica el paso por las armas. De ahí que, para este escenario extremo, los Estados Unidos buscan eliminar su dependencia con el Asia-Pacífico y lograr suministros confiables para sus principales industrias.

Frente a este nuevo contexto, se puede determinar que hemos pasado de un mundo donde las relaciones entre países estaban basadas en reglas y valores, a uno donde priman únicamente negociaciones e intereses. El presidente de los Estados Unidos puede definirse como un negociador nato, lo lleva en su ADN, por lo tanto ingresamos en un período de negociaciones bilaterales con final abierto. En su accionar, Donald Trump se ubica primero en posiciones extremas para luego negociar las mejores condiciones posibles para su país.

Tal como lo muestra el gráfico, el multilateralismo viene en franca decadencia en los últimos años y la nueva política americana solo le ha puesto el acta de defunción. Durante los últimos años se ha verificado un incremento en las restricciones comerciales a nivel global, cuestión que se ha exacerbado, ya que en menos de tres meses se han tomado casi 600 medidas de restricción comercial en el mundo.

Frente a esta realidad, nuestro continente debe desarrollar nuevas cadenas de suministro e invertir en infraestructura física y digital para lograr una mayor inserción productiva en las Américas. Nuestros países cuentan con minerales críticos, provisión de energía, capacidad de generar centrales nucleares de mediana intensidad, telecomunicaciones, industrias alimenticias, tecnológicas, por solo mencionar los principales. Cada una de estas áreas presenta tanto desafíos como oportunidades.

En algunos de estos casos, China ya ha tomado la iniciativa, mientras Estados Unidos aún puede posicionarse como un socio confiable para la región. Una América Latina estable y desarrollada beneficia directamente la seguridad nacional de Estados Unidos.

En este mundo que defino como transaccional, el enfoque debe ser “ganar-ganar”, donde nosotros ofrecemos ser proveedores confiables y a cambio obtenemos más y mejores puestos de trabajo.

Por su parte, en el balance de riesgos, se debe evaluar la probabilidad de ocurrencia de un escenario con una inflación un escalón más arriba junto a una recesión, o al menos una desaceleración de la economía global. Si se trata de un fenómeno transitorio, el efecto será más limitado, tal como lo demuestra un trabajo de Alberto Cavallo (“Tariff Pass-Through at the Border and at the Store”), que analizó el impacto de la suba de aranceles en el mandato previo de Trump. En ese momento, el primer impacto fue muy limitado, ya que quienes importaban bajaron sus márgenes de ganancia y los exportadores mejoraron sus precios para no perder mercados internacionales. En las próximas semanas se debe evaluar cuánto de estas medidas se transforman en permanente y cuánto se trata de una corta transición.

En este marco, se ha verificado una fuerte corrección de la confianza de los consumidores norteamericanos e incrementado los temores respecto a la evolución de la actividad económica. De esta forma, la Reserva Federal se encuentra en un modo wait and see, es decir que se mantendrá la tasa de interés en el rango de 4,25%-4,50%, hasta tener una visión clara del escenario por delante. Ya ha comenzado la presión política sobre Jerome Powell.

A menos que el riesgo de recesión se vea en datos concretos, dudo que la Reserva ceda en esta pulseada. Esta situación en términos de costos del dinero en el mundo y el menor crecimiento económico impulsará el riesgo de salida de capitales de los mercados emergentes. En efecto, los posibles canales de impacto en Latinoamérica se ven en los movimientos de la tasa de interés y en los precios de los commodities.

Nuestro continente se enfrenta así a un mundo que se moverá al compás de la política norteamericana de acceso a mercados como herramienta de negociación. En la mirada mercantilista de Trump, nuestra región no presenta un superávit comercial estructural con los Estados Unidos como se advierte en la tabla “Balance de bienes con Estados Unidos”; por lo tanto, no podemos ser “acusados” de quitarles empleos a los ciudadanos de su país. Brasil, Chile, Colombia y Perú registran déficits con el país del norte en sus balances comerciales de bienes en el último quinquenio. Brasil presentó un rojo de US$ 6.700 millones en 2024, Chile de US$1.900 millones, Perú de US$ 1.800 millones y Colombia de US$ 1.200 millones (de acuerdo con información oficial de Estados Unidos).

El rol de Argentina

En el caso de Argentina, la balanza es históricamente deficitaria en la relación bilateral. El rojo comercial rondó los US$ 2.000 millones anuales en el promedio del último quinquenio. Sin embargo, puntualmente en 2024 el resultado se invirtió (superávit de US$228 millones de acuerdo con INDEC), producto de una mejora en las exportaciones locales (+14,3% i.a.) y una baja en las compras desde el país del norte (-27,9% i.a.), explicado en buena parte por menores importaciones energéticas, aunque también por bajas relevantes en otros rubros (en línea con la dinámica local de menor actividad económica).

El camino para la Argentina en su relación con Estados Unidos no es entonces un tratado de libre comercio sino la negociación de un tratado de protección de inversiones de última generación, sumado a un grupo de productos que nuestro país priorice, tal como se ha hecho en otras oportunidades, dentro del marco del Sistema Generalizado de Preferencias. Será preciso también negociar la reducción de las barreras al acero y aluminio, al igual que el biodiésel, que tiene imposibilitado su ingreso por las medidas antidumping impuestas en 2017, y trabajar sobre las cadenas de suministro que resultan de interés para Estados Unidos, en particular energía, minería y químicos, entre otros.

En definitiva, nuestro país debe posicionarse como un oferente clave de bienes intermedios. Debemos generar negociaciones que se midan en más y mejores empleos para los argentinos. En este mundo de diplomacia transaccional, urge que nuestro país tome la iniciativa. Un nuevo frente parece conformarse entre China, Corea y Japón, países que engloban el 20% de las exportaciones mundiales y el 22% del producto bruto mundial. Es decir, otras regiones se unen para hacer frente al nuevo diagrama mundial. Nuestro norte debe ser Argentina primero.

Más Noticias

Noticias
Relacionadas

Uruguay mantiene la inflación bajo control mientras enfrenta desafíos globales

En diálogo con Canal E, el economista Juan...

Euro hoy: a cuánto cotiza este sábado 05 de abril

El euro cotiza este sábado 05 de abril...

Dólar CCL hoy: a cuánto cotiza este sábado 05 de abril

La cotización del dólar CCL es de $1329,50 para...